vrijdag 10 december 2010

El AVE que seco Addalajis

"El AVE que secó Abdalajís"
El AVE que secó Abdalajís" en El escarabajo verde4 comentarios
La construcción del Tren de Alta Velocidad en distintos puntos de España ha generado muchas polémicas. El documental titulado "El AVE que secó Abdalajís" explica uno de los casos más penosos.
Sucedió hace 3 años, cuando se perforaba la sierra malagueña del valle de Abadalajís para construir dos túneles de la línea Málaga-Córdoba. Las obras reventaron el acuífero lo que provocó una gran fuga de agua, los manantiales se vaciaron y este pequeño pueblo, el Valle de Abdalajís, se quedó secó.

El escarabajo verde - tve 16.01.2009"

El AVE que secó Abdalajís"
El Valle todavía no se ha repuesto del desastre. Su alcalde dice con sorna que "parece que nos ha mirado un tuerto", porque el pueblo tiene una historia larga de abandono y precariedad, pero nunca había tenido problemas de agua. De hecho, era muy conocido con el sobrenombre de Villa de los Manantiales, por sus 5 fuentes de aguas abundantes y cristalinas. Una vez iniciadas las obras, se supo que el "pinchazo" del acuífero ya se apuntaba en el proyecto de este tramo de la Alta Velocidad entre Málaga y Córdoba. Pero todo indica que fue mucho más grave de lo previsto, ya que los dos túneles, hoy a pleno rendimiento, eran ineludibles y se descartaron otros trazados.

La reacción de la gente del Valle de Abdalajís, un pueblecito de escasamente 3.000 habitantes, fue organizarse en la Plataforma Pro-manantiales. Exigieron información y respuestas, que primero tendían a asegurar que se sellaría la fuga pero que, actualmente, consisten en asegurar que el agua que se escapa se canalice para el uso doméstico y para recuperar los manantiales. Adif y el ayuntamiento también trabajan para que el suministro a través de cubas deje de ser el sistema de abastecimiento del agua necesaria para el pueblo, así como otras actuaciones para compensarlo.

Ganaderos, regantes, todos los usuarios han aceptado más o menos con resignación la nueva situación. Por su parte, la Plataforma pro-manantiales no ceja en su denuncia de los incumplimientos de las administraciones y insiste en pedir la recuperación efectiva de los manantiales. Igualmente, mantienen su denuncia a la fiscalía de Málaga.

Esta es otra historia que pone sobre la mesa el dilema de la conservación frente a la modernidad. En este caso, una vez más, todo indica que la filosofía fue que "el fin justifica los medios"

donderdag 9 december 2010

La mata del gocho


Como el otro dia Tene, me mato el gocho, me hizo un buen trabajo, pues este puente me voy a dedicar hacer morcillas, las tripas no las lavo en el río, las compro en el matadero, que así no paso frío, preparo las tripas cosidas con hilo de la dalia, las pongo a remojo para que ablande y a empezar con el mondongo, cebollas de forco, se pelan y se pican pequeñitas, grasa de la que se colgaba en el cuato bajo, sopas de ajo, oregano, sal, pimentón, azúcar, ajos y sangre, se envuelve todo muy bién, a embutir, con un embudo pequeño pero con la boca grande poco a poco se van llenando las tripas se cosen o se atan a gusto del consumidor, se pone una o más cazuelas al fuego cuando el agua empize a hervir se van echando dos o tres morcillas por cazuela, se pican cada poco para que no se reviente cuando el agua salga clara al pincharlas, significa que ya estan cocidas se pueden sacar para la artesa o otro recipiente cualquiera, cuando estan hechas se cuelgan en varales para curarlas al humo en la cocina del horno y dentro de unos dias ya se pueden comer, ya os dire que tal están este año...... Tene descuartizanos el gocho, ollamas30@gmail.com

La mata del gocho


Acabamos de colgar el gocho y llega un pequeño descanso, que se aprovecha para comentar las anécdotas de la jornada matinal…, y limpiar las “herramientas”, tienen que estar preparadas para el día siguiente. El que fuma saca su cuarterón y su librito y lía su pitillo. ¡Hay que echarle un poco de humo para que se vaya acostumbrando!.
De pronto se oye la voz del ama de la casa: ¡A comer, la mesa ya está puesta!
-Vamos, vamos, que el que “llega tarde ni oye misa ni come carne”.
La comida consistía en un cocido en el que no podía faltar la sopa, los garbanzos, y las berzas cocinadas por separado, y de ración la/s pata/as, la/s oreja/as y morcillas de la matanza del año anterior. “Para que se conserve bien la de este año”. Si ya se habían matado las cabras y las ovejas si echaba al pote un trozo de carne de ellas. De postre, un cafetín con unas “gotinas”.
Terminada la comida comenzaba el trabajo más duro para las mujeres tenían que ir a lavar las tripas al río, “porque si te intentas apañar en casa, al final echas más tiempo y quedan peor”. En ocasiones tenían que quitar los hielos de las piedras de la orilla. En el pueblo, el sitio más común para lavarlas era junto al “molín” cimero. Ya en casa se les echaba un poco de sal.
Las morcillas, si se podía, se hacían por la tarde-noche. He visto la receta de Angelines y sólo le faltan las “peras morcilleras”. Dicho sin ánimo de crítica, todo lo contrario por que le salen ¡buenísimas!. ollamas30@gmail.com

Descuartizar el gocho

descuartizar el gocho
Han trascurrido tres días, desde que lo colgamos y han caído unas pelonas de aúpa.- Bueno, aquí, como el papel todo lo admite, todo sale a pedir de boca y tenemos el santo de cara.
Colocamos, debajo del gocho, el banco que utilizamos para matarlo, y agarrándolo por la cabeza y las patas delanteras vamos tirando de él, a medida que el más fuerte va dando cuerda y sujetándolo para que no se caiga. Quedará panza arriba, aunque está vacía. Ahora, los finos dirían “de cúbito supino”.
- “Cógelo por las dos patas de ese lao, no sea que salga corriendo”. Era la forma de advertir que había que tener mucho cuidado para que no se cayera.
Se iniciaba quitando los riñones, con sus mantequinas, y se depositaban en un plato.
Junto a la mesa de operaciones se colocaban dos artesas, la pequeña para ir depositando los trocitos que se fueran desprendiendo de los cortes y la cabeza y la grande para el resto. Del cerdo se aprovecha todo.
Para facilitar el estazado se cortaba la cabeza, dando un corte en redondo con un cuchillo, hacía la mitad del cuello, hasta localizar la vértebra de la nuca, -tiene un nombre, pero no lo recuerdo- para dejarla como su único punto de unión con el tronco. Entonces, agarrando la cabeza y girándola con fuerza se separaba. Se coloca en la artesa y seguimos.
Mientras dos cogen las patas de cada lado, tirando ligeramente hacia fuera, el estazador “oficial” saca los lomines, será necesario dar unos cortes en sus extremos. A continuación, con ese mismo cuchillo va cortando la unión de las costillas con el espinazo, ayudándose de una machetina, hasta separarlos. Ya podemos empezar a quitar, despegando, el bloque de costillas, de ese lado, tirando suavemente y cortando lo más próximo posible a los huesos. Las flotantes no saldrán en el conjunto por lo que se retirarán a continuación.
Si lo anterior lo hemos hecho correctamente, tendremos a nuestra vista ¡el lomo!. Para extraerlo utilizaremos nuestras manos para despegarlo del espinazo y de su anclaje en el tocino, sólo utilizaremos el cuchillo para liberarlo en los extremos. A veces, es necesario dar unos cortes con la machetina en el unión del otro lado de costillar y espinazo para facilitar la maniobra.
Después sacaremos todos los trozos de carne que hay debajo de las costillas y alrededores. Si hay alguna que está manchada de sangre la depositaremos en la artesa de lo menudo.
Para sacar el lomo del otro lado se actuará de la misma forma. Éstos se extienden, a lo largo, en la artesa grande, donde también se colocarán los costillares, y los trozos de carne limpios.
Ahora, toca cortar las cuatro patas y sacar el espinazo limpio y de una pieza, incluido el rabo, para ello siempre nos ayudaremos del cuchillo.
Todas estas tareas llevan su tiempo, por ello, cuando han salido unos cachines de carne y los trocines de los lomines y los lomos, que quedaron pegados al sacarlos, son llevados por el “ayudante” para ponerlos encima de la chapa de la cocina, dan un poco de humo, y la manchan pero ¡qué ricos están!. Es una delicia.
Se cortarán dos tiras de tocino de la falda, los jamones y las paletillas, se harán las medianas (dos de cada lado). Se echarán en sal, a los jamones se les pondrá peso.
Terminaremos desollando la cabeza, previo corte de las orejas, para obtener el tocino de ese nombre, la careta, el morro y la lengua. La abriremos por su mitad para sacar los sesos.
El gorgero, el pulmón y el corazón se cocían y luego se utilizaban para hacer el chorizo de pulmón.
Alguno pensará ¿y el control sanitario?, pues le diría que el día de “la mata el gocho” se cogía un trocín de las entretelas, otro del hígado y una punta de un lomín y se bajaba al veterinario de Riello. El cuál siempre hacía la advertencia: “no empecéis a comerlo antes de siete días, si hay algo ya os mandaré aviso”. ¿Quién le hacía caso? Yo creo que nadie, pues, salvo que se viese algo raro al matarlo, o tuviera la hiel hinchada o con un color raro, a la tarde siguiente ya se estaba comiendo el hígado. Lo cierto es que yo nunca tuve noticias de que álguien se hubiese puesto malo por haber comido un gocho en mal estado. ollamas30@gmail.com

La mata del gocho





“La mata del gocho”
Hacia que había amanecido algo más de una hora.
El sol se había librado de la cincha que formaban los nublados negros y sus rayos incidían sobre los tejados, que, de ese modo, se liberaban de la helada y recuperaban su color habitual.
Las chimeneas echaban columnas de humo blanco. En la cocina una mujer anda toda apurada con las zapicas, la coladera, los calderos y demás cacharros … cuando de pronto se oye una voz:
-Paisana aquí traigo un cuchillo que no corta nada.
-Anda, pasa a ver si le echas algo y lo afila.
La mesa alargada de la cocina está cubierta con un hule de cuadros. En el centro hay una botella de orujo blanco y otra de aguardiente, en su rededor hay varias copas de cristal de culo grueso, y forma de dedal, aunque mucho más grandes que éstos. Entre la botella y los extremos de la mesa se ven dos bandejas de cristal labrado con rosquillas y pastas caseras, así como un plato de porcelana con galletas maría.
Casi de seguido llegaron los otros dos paisanos que venían a matar el gocho. La costumbre, y también por necesidad, era que se reunieran los de dos o tres casas para ayudarse.
Se echaban una copina, se tomaba de trago o lo sumo dos, después se comían el dulce que a cada uno le gustara, mientras se mantenía una animada conversación …, que más o menos terminaba así- “venga otra, que con una pata sola no se anda”. “De un trago pa dentro y una pastina pa quitar el mal sabor de boca”.
Los cuatro enfilaban, escalera abajo, hacia el corral.
En un lugar que estuviera llano y próximo a la cubil se había colocado un banco de madera (un tablón de roble o negrillo de unos 8 centímetros de grueso, 30 o 40 de ancho y más de 160 de largo), con cuatro patas bajas y abiertas para aumentar su base y evitar su vuelco.
Antes de sacar al gocho tenía que estar preparado, además del cuchillo para sangrarlo, más cuchillos, un gancho, una sobrecarga, un caldero de cinc con uno o dos puñados de sal gorda con un palo, unas angarillas, unos trozos de teja, unos ladrillos o piedras de similar tamaño, dos manojos de cuelmo y sobre la chapa de la cocina un recipiente con agua muy caliente.
-“Voy por el gocho, cuando llegue por aquí, tu le echas el gacho”. Señalando un paso estrecho, que quedaba entre una cancilla entreabierta.
(“Echar el gancho” es introducirlo por la papada y que coja, por dentro, un lateral de la quijada).
De los otros dos, uno se encargará de agarrarlo por la oreja y el otro echarle el lazo. Consiste en coger la mandíbula superior-careta-, por detrás de la dentadura, introduciendo la lazada, cuando abra la boca, tirar, fuertemente, para asirla y evitar que la pueda sacar.
Con el gancho bien clavado, cogido por las orejas y el rabo el cerdo es llevado a empujones y casi arrastras, entre gruñidos y “restrijones”, a la mesa y tumbado sobre el lado izquierdo, quedando la cabeza más baja que la trasera. Se le sujeta la cabeza con la cuerda, uno lo coge por la parte trasera abrazándolo entre las patas trasera apoyando el pecho contra el gocho, otro coge “el cuchillo de matar” y el cuarto el cubo con la sal para ir recogiendo la sangre y revolviéndola para que no se cuaje. Después se utilizará para hacer las morcillas.
Para sangrar, matar, al cerdo he visto utilizar dos tipos de cuchillo, en función si el clavado era directo al corazón se hacía con relativamente pequeño y fino (delgado) y si se dirigía hacia sus proximidades desde la olla – parte posterior de la carrilera- se necesitaba uno más largo y más ancho.
Se debe de tener en cuenta que lo que se buscaba era que el gocho sangrara bien, es decir que quedara la menos sangre posible en su cuerpo. Era el primer paso para garantizar una buena curación y, por lo tanto conservación.
Una vez muerto se ponía sobre unas angarillas, elevadas un poco del suelo para poder chamuscarlo por todas las partes. Mientras hubo cuelmos se hacían pequeños puñados, de este tipo de paja, y se prendían por una punta y se iba dando a las cerdas (serdas) hasta que se consumían. A continuación, se limpiaban empleando el agua caliente y los trozos de teja, si quedaba alguna serda se afeitaba con un cuchillo. Había casas en las que al terminar el lavado se le arrancaban las pezuñas.
Después se procedía a abrirlo, vaciarlo. También se usaban dos maneras o un corte de adelante hacía atrás o dos, dejando, entre ellos una tira. Se le sacaban las tripas, las panzas (mantecas) y el caído.
Las tripas se echaban en unos cestos de tabla para su traslado al rio para lavarlas. Creo que era, con mucho, el trabajo más duro de la matanza.
El caído, cogido por el gorgero, y las mantecas se ponían e escurrir en el cuarto bajo o lugar que estuviese frío y oscuro.
El gocho era subido con polea si había, y si no se inventaba, pero tenía que quedar colgarlo por las patas traseras en dos clavos y totalmente estirado. Se le daban dos pequeños cortes en las venas visibles y próximas a los jamones.
A lo peor os ha resultado un poco pesado este mensaje, pero hoy ha estado nevando en Alcorcón. Y me acordé de “la mata el gocho”.
A todo cochín le llega su San Martín.
Otro día, me pondré a descuartizar el gocho y hacer la matanza.
Lo ideal era matar el gocho en Menguante. Aunque había mas tradiciones que se respetaban.
ollamas30@gmail.com

woensdag 8 december 2010

Una vida activa


Daniel es un orgullo, que abras las ventana del pueblo que yo naci, que es mejor del Mundo, para vivir, en mis sueños siempre queria renovar la casona vieja de un agricultor jubilado aparcar el coche en la cochera y no mover el coche hasta que las ruedas estuvieran pegadas en el hormigon, y pasarme toda la vida mirando al horizonte alli se esconde Fuentespreadas, a la derecha Cuelgamures, al Oeste Fuentelcarnero, al Norte Corrales, Jambrina, al Este San Migue de la Ribera, y el Piñero, asi todos los dias del año, el coche aparcado y fundidas sus llantas en el garaje, para sacar mas inspiracion en el silencio, pero en la realidad, es otro sueño?.
Es humano que me invites ha vivir en Alfas del Pi, mi conocido! entre los pensionados con sus naranjos, y limoneros, en la distancia los payeses de Xavia, Gandia, pero yo no quiero jubilarme no quiero ni pensar estar todos los dias jugando al mus toda mi vida en una mesa, sin ser activo, me justa viajar en metro, tambien en autobus, y volar en un airbus, 15 dias en Denia, o 15 dias en Rodos, y Greta, este es mi gran moto, no estar en ningun sitio fijo, y en todos.
Daniel te deseo una primavera llena de frutos en todos los arboles de ese paraiso. saludos Daniel
ollamas30@gmail. com

zondag 5 december 2010

El acarreo



En el verano muy de madrugada se levantaba el padre y avisaba a los demás hijos de la família para ir a acarrear unciendo la pareja de machos o bueyes, y los más pobres los burros; preparando el carro con sus estacas, sogas, bieldos, y rastrillo.
En la oscuridad de la noche, y bien arrebujaditos en una manta para defenderse del frío, o del rocío, echados en la caja del carro, iniciaban la marcha hacia la tierra. El carro se dirigía a la tierra donde se recogía la mies.
A pesar del traqueteo del carro, debido a las piedras y roderas del camino, se dormía hasta el conductor y resto de acarreantes.
Una vez llegados a la tierra se comienza a cargar el carro, echando los primeros haces con la mano a las bolsas que existían y que llegaban casi hasta el suelo.
Despues, una vez que ya no se llegaba con la mano, se empleaba el bieldo pinchando el haz de mies y ayudado con el pie que se apoyaba en el extremo opuesto; cuando el mozo era muy débil, o demasiado chico.
Se levantaba el haz y se iba depositando en el carro. De vez en cuando se observa cómo va la carga, porque no debe de ser ni muy adelante, ni muy trasera, ya que a veces el carro volcaba hacia atrás. Las indicaciones las daba el que daba los haces: A veces exclamaba "paice que va de reculos".
Para evitar otro viaje a la misma tierra debido a que quedaban pocos haces se hacía un esfuerzo grandísimo para acoplar todos, pero en este caso había que tener muchísimo cuidado porque los caminos eran malos. Se ataba la carga con sogas; una por delante y otra por detrás.
Había que apretar asegurando que la carga quedase bien sujeta, ya que al desprenderse un solo haz, corría el riesgo de que se viniese abajo toda la carga.
Cuando llegaba algún bache, había que agarrarse a la cuerda del lado contrario y de esta manera ayudar en lo posible, el vuelco del carro; pues a veces esto acontecía, escapandose alguna palabrota. De prisa se volvía a cargar para que nadie se enterara, pues la noticia corría entre los vecinos como la pólvora, y a veces era objeto de risa.
Cuando el sol todavía no calienta se llegaba a la era descargándose los haces colocados en hacinas, unas veces en forma rectangular, cuadradas o forma circular, semejante a una plaza de toros.
Si antes de las diez, daba tiempo se realizaba otro acarreo, porque a las diez comenzaba la faena de la trilla y había que almorzar sopas de ajo, y torreznillos, bien en casa o en la bodega. ollamas30@gmail.com

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